Puto Cáncer

Mis palabras, este día de los padres, van dedicadas a ti, Juan Morales Pérez. Es difícil sentarme a escribir sobre ti y para ti porque a pesar de que eres el mejor papá que Dios me pudo dar, tenemos muchas diferencias con las que aún no he podido trabajar. Me cuesta pensar resumir todo lo que significas para mí, especialmente desde la llegada de Sr. Tiago. Pero, con el corazón apretado y la legión de mariposas en el estómago, hoy dedico mis letras a ti.

Hace unos días me fui a trabajar con el car seat de Tiago y llegando mi mamá me llamó para decirme: “Ana, te llevaste el car seat y lo necesitamos.” Ya estaba tarde, así que, no podía regresar. O sea, el centro comercial donde trabajo estaba imposible por las ventas del día del Padre. El estacionamiento era una locura. Le propuse a mi mamá que cuando fueran a salir pasaran por mi trabajo y recogieran el asiento. Y así fue.

Pasaron las horas y llegó mi papá a buscar el asiento. Yo estaba en la registradora con una fila descomunalmente gigante. En el estrés del momento logré que una compañera lo buscara y se lo diera a mi papá. En ese momento, no sé por qué, se me aguaron los ojos y sentí una presión inmensa en el pecho. Tenía muchas ganas de llorar. La prisa del momento no me lo permitió.

Cuento esta anécdota porque justo en ese momento descubrí la angustia, la desesperación, la desesperanza y las ganas de cambiar el tiempo. Descubrí que llevo años sin darle un abrazo duradero y sincero a mi papá y que merecemos cuidar cada minuto que nos queda juntos. ¿Cuánto es ese tiempo? Espero que sea suficiente para que esté presente en los pasos de Sr. Tiago. Mi papá tiene cáncer. Frío y crudo lo digo porque así es más fácil tragarlo. Y no es un cáncer de este año, llevamos muchos años. Mi papá, un hombre adicto al trabajo, dedicado, del campo, historiador, educador en salud, cocinero (de los mejores), creativo, entregado a su familia, humilde, trovador, jayuyano y particularmente amoroso tiene cáncer. Y el tiempo, fiel amigo traicionero, nos ha dado la oportunidad de disfrutar de mi papá por 4 ocasiones. Y esta vez, ha habido mejoría y eso nos ayudará a disfrutar más, hasta que así Dios lo permita. Mientras más sano, más tiempo. ¿Que nos queda? Vivir, comprender, celebrar y amar. 

Así que, vivamos. Vivamos cada segundo, cada instante, cada alegría, cada diferencia, cada disgusto, cada rato agradable. Vivámoslo con fuerza y amor. Porque no sabemos cuándo toda esta alegría se convierta en un puto cáncer. Y comprendamos. Comprendamos que la gente cercana a uno es diferente, tiene sus manías, sus costumbres, sus gustos diferentes y extraños. Comprendamos que somos de generaciones diferentes. Celebremos. Celebremos esas diferencias. Sobre todo, amemos con entrega y defendiendo la diversidad. Seamos empáticos y hagámonos compañía en cada momento. Porque es inesperada esta vida y porque al final no sabemos qué pasará. Que el recogido de la cosecha lo podamos ver con nuestros seres amados.

Juan Morales y Pérez, te amo.

Mamita Obrera, hoy Hija Obrera.

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